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¿Qué parámetros se deben monitorear en las aguas residuales domésticas?

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Las aguas residuales domésticas se refieren al agua usada generada por actividades residenciales y públicas, incluyendo vertidos de viviendas, apartamentos, escuelas, hospitales e instalaciones comerciales. Generalmente, comprenden aguas grises (p. ej., de lavabos, lavanderías y fregaderos de cocina) y aguas negras (p. ej., efluentes de inodoros), y contienen una mezcla compleja de materia orgánica, nutrientes, microorganismos patógenos, sólidos en suspensión y contaminantes químicos antropogénicos. La alta carga orgánica favorece la rápida proliferación de bacterias y patógenos; si se vierte sin tratamiento, plantea riesgos significativos, incluyendo la transmisión de enfermedades transmitidas por el agua, lo que amenaza la salud pública y la integridad ecológica. Este desafío es especialmente grave en países de ingresos bajos y medios, donde la infraestructura inadecuada a menudo resulta en el vertido directo de aguas residuales sin tratar, lo que agrava la degradación ambiental y las cargas para la salud pública. Por consiguiente, un tratamiento riguroso previo al vertido es esencial para salvaguardar la calidad del agua. Sin embargo, la eficacia del tratamiento varía considerablemente entre regiones: los países de ingresos altos generalmente implementan sistemas avanzados de tratamiento multietapa con una estricta supervisión regulatoria, mientras que muchos países en desarrollo se enfrentan a limitaciones concurrentes en capacidad técnica, recursos financieros y marcos institucionales. Antes del tratamiento, la caracterización integral de las aguas residuales (a través de parámetros analíticos estandarizados) es fundamental para diseñar estrategias de tratamiento apropiadas, evaluar el desempeño del proceso e informar políticas de gestión de recursos hídricos basadas en evidencia a nivel mundial.

Entre los parámetros clave, el nitrógeno amoniacal (NH₃–N) merece la máxima prioridad. Representa la concentración total de amoniaco libre disuelto (NH₃) e iones de amonio (NH₄⁺), originados principalmente en excretas humanas y agentes de limpieza que contienen nitrógeno. Los niveles elevados de NH₃–N contribuyen a la eutrofización, estimulando la proliferación de algas que agotan el oxígeno disuelto y perjudican la biodiversidad acuática. Además, el amoniaco no ionizado es extremadamente tóxico para los peces y los organismos acuáticos sensibles, y puede alterar la estructura y la función del ecosistema. En los países de altos ingresos, el NH₃–N se monitorea rutinariamente según las normas nacionales de calidad del agua utilizando métodos analíticos validados (p. ej., colorimetría o electrodos selectivos de iones), lo que permite un control eficaz de la contaminación. Por el contrario, persisten lagunas en el monitoreo en muchas regiones en desarrollo debido al acceso limitado a instrumentación calibrada, personal capacitado y protocolos de mantenimiento sostenibles, en particular en áreas de rápida urbanización donde la generación de aguas residuales supera el desarrollo de infraestructura. Por lo tanto, el NH₃–N sirve como un indicador crítico de la gravedad de la contaminación y como una métrica esencial para evaluar el riesgo ecológico y la eficiencia del tratamiento.

El pH es otro parámetro fundamental que requiere una evaluación sistemática. Definido como el logaritmo negativo de la actividad de iones de hidrógeno, el pH refleja el equilibrio ácido-base de las aguas residuales y suele oscilar entre 6,5 y 8,5 en aguas domésticas, influenciado por detergentes, residuos alimentarios y vertidos industriales. Desviaciones fuera de este rango pueden inhibir los procesos de tratamiento biológico (p. ej., la nitrificación), corroer la infraestructura de transporte y afectar negativamente a la biota acuática.Monitoreo del pHPermite la optimización dinámica de las operaciones de tratamiento, como la dosificación de productos químicos y el control de la aireación, en entornos de altos ingresos. Por el contrario, la medición intermitente o inexistente del pH sigue siendo común en contextos con recursos limitados, lo que contribuye a la calidad irregular de los efluentes. Por lo tanto, unos datos fiables de pH no solo respaldan el cumplimiento normativo local, sino que también respaldan objetivos más amplios de seguridad hídrica transfronteriza y sistemas de saneamiento resilientes al clima.

La concentración de oxígeno disuelto (OD) es igualmente vital, especialmente en aguas receptoras y unidades de tratamiento aeróbico. El OD refleja la capacidad de las masas de agua para mantener la actividad microbiana aeróbica y autodepurar contaminantes orgánicos. Los niveles bajos de OD indican un agotamiento del oxígeno —a menudo relacionado con una carga orgánica excesiva— y pueden precipitar condiciones hipóxicas o anóxicas perjudiciales para la vida acuática. Si bien el OD se mide con menos frecuencia en aguas residuales domésticas sin tratar (que suelen ser anaeróbicas), su monitoreo en efluentes tratados y aguas superficiales aguas abajo es indispensable para la evaluación de riesgos ecológicos y la elaboración de informes regulatorios.

El creciente volumen de vertidos de aguas residuales domésticas en todo el mundo ha intensificado los impactos ambientales y sanitarios asociados. Los vertidos incontrolados en ríos, lagos y acuíferos comprometen la seguridad del agua potable, reducen los servicios ecosistémicos y socavan el progreso hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 (Agua Limpia y Saneamiento). Las disparidades en la aplicación de las normativas, la adopción de tecnologías y la capacidad de monitoreo agravan aún más estos desafíos. Por lo tanto, la caracterización regular, estandarizada y representativa de las aguas residuales constituye una práctica fundamental para la prevención de la contaminación, la gestión adaptativa y la gobernanza equitativa del agua.

La cuantificación precisa y oportuna de parámetros depende de una instrumentación analítica robusta y adecuada. Los analizadores modernos de calidad del agua ofrecen mediciones precisas, reproducibles y trazables, lo que facilita la toma de decisiones basada en datos para empresas de servicios públicos, organismos reguladores e instituciones de investigación. Los patrones de implementación global reflejan las capacidades regionales: los países de altos ingresos adoptan cada vez más sensores automatizados en línea integrados con plataformas digitales, mientras que en las economías emergentes se priorizan las soluciones rentables, portátiles y de bajo mantenimiento. Shanghai Boqiao Instrument Co., Ltd. ofrece una cartera completa de instrumentos certificados.analizadores de calidad del aguaDiseñados específicamente para el monitoreo de aguas residuales domésticas. Sus dispositivos ofrecen alta precisión de medición, instalación y operación simplificadas, estabilidad a largo plazo y un costo de ciclo de vida competitivo, validado mediante implementaciones en más de 100 países. Al promover tecnologías de monitoreo accesibles, interoperables y con base científica, y al fomentar la colaboración internacional para la armonización de metodologías y el desarrollo de capacidades, la comunidad global puede fortalecer la gobernanza de las aguas residuales, conservar los ecosistemas de agua dulce e impulsar el desarrollo sostenible inclusivo.

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Hora de publicación: 02-feb-2026